Los padres como modelos de los niños. Taller con padres de familia

En  la Escuela Prema Educamos desde el amor, razón por la cual uno de los elementos más importantes en la formación integral de los niños y  niñas, tiene que ver con los  padres de familia, por tanto trabajamos en la búsqueda de un  crecimiento personal en cada integrante de la familia.

De esta forma, el pasado 10 de noviembre, reunimos a los padres de familia de manera virtual para realizar el último taller del año en el que contamos con la colaboración de María Pastora Avellaneda y el psicólogo Yeison Cauca, que impartieron temas relacionados con cambios de hábitos, los padres como modelos de los niños, coherencia entre pensamientos, palabra y acciones, herramientas para tener hijos seguros en línea, filtros de contenido y límites de tiempo.

En el taller contamos con el 90% de asistencia de padres de familia de Pre-jardín, Jardín y Transición,  y finalizó con algunas actividades de refuerzo en casa para poner en práctica y obtener resultados diferentes en las situaciones en los que se pueda llegar a presentar un problema en los hogares.

Los padres como modelo de los niños

Los niños comienzan a conocer el entorno que les rodea a través de sus padres, que son sus primeros modelos. Los pequeños pasan gran parte del día fijándose en sus actos, sus respuestas, sus emociones y sus formas de reaccionar, estos patrones son los primeros que observan y los marcarán por siempre. Además, debemos tener en cuenta que como los niños no son capaces de discernir entre el bien y el mal, su patrón de referencia son sus padres.

Esto implica una enorme responsabilidad para los padres, que deben estar muy atentos a cada uno de sus comportamientos de manera que puedan dar un buen ejemplo a sus hijos. De hecho, es fundamental que los niños no perciban discrepancias entre las palabras y los actos. Por ejemplo, si le dices a tu hijo que no debe mentir pero después te sorprende contando una mentira, se sentirá confundido o pensará que mentir es algo aceptable. De poco valdrán los sermones y los castigos si el ejemplo que tiene en casa es negativo.

Lo mismo vale para el manejo de las emociones. No podemos pretender que el niño, que aún no cuenta con los mecanismos neurológicos necesarios para ejercer el autocontrol, no tenga rabietas o comportamientos violentos cuando ve que sus padres gritan y se enfurecen al discutir o que incluso recurren a la violencia verbal. No debemos olvidar que aunque los niños no siempre comprenden el significado de las palabras, son verdaderos especialistas captando las emociones que se esconden detrás de estas. Por tanto, creerá que perder el control y enfadarse es algo aceptable.

Coherencia entre pensamientos, palabras y acciones

Haz más, di menos. El refranero popular nos indica que “un acto vale más que mil palabras”. Podemos aplicar esta idea a la educación infantil ya que para los pequeños resulta mucho más fácil imitar un comportamiento que comprender sus causas o dilucidar las consecuencias. Por tanto, utiliza menos los sermones y recurre más a las acciones.

Sé coherente con el comportamiento que exiges. Los niños se mantienen atentos a cada detalle, si se dan cuenta de que utilizas un rasero para ellos y otro para ti, se sentirán confundidos y perderás autoridad moral. Por eso, antes de exigirle algo, asegúrate de que puedes dar el ejemplo. De hecho, a veces educar a un niño también implica emprender un proceso de crecimiento personal.

Acepta el error y discúlpate. Nadie es perfecto, ni siquiera los padres. Si te equivocas, discúlpate con tu hijo, así comprenderá que es importante saber reconocer los errores y tener la humildad suficiente como para pedir perdón.

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